Todo empieza en la calle.

Allí donde se descubre el fútbol y donde surge la pasión por este juego. En la calle se aprende a driblar, a combinar entre dos chutando contra el borde de la acera y a tirar y recibir el balón chutando contra el muro.

Así se sientan las bases del manejo del balón. Pero no sólo eso. Se aprende también a mejorar el control corporal, porque caerse en la calle duele…

… Por lo tanto, el aprendizaje ya empieza antes de que comience el juego propiamente dicho. Uno va atesorando la sabiduría de la calle, que es una ventaja no sólo fútbol, sino también en muchos otros ámbitos.

Johan Cruyff

¿Dónde comenzamos a jugar a fútbol?

El fútbol por mucho que se empeñe en cambiarlo, nace en la calle, en las plazoletas, en los recreos, en las playas o en el parque. Adaptándose los niños en este clima a las normas que ellos mismos se imponen, a los condicionantes naturales del propio terreno y al número de participantes que en tal actividad intervienen.

En estos ámbitos se producen situaciones en las que el niño experimenta con el contexto, donde se desenvuelve y trata de acloparse a este de la mejor manera posible en función de sus circunstancias. No hay indicaciones tácticas, preparación física o estrategia, sin embargo hay una cantidad de acciones jugadas de diferente índole que hará madurar al pequeño futbolista en diversas situaciones que condicionaran su madurez futura en el deporte.

Y, ¿qúe método de entrenamiento está más próximo a este tipo de aprendizaje?, podría explicarse como una metodología de carácter exploratorio, donde el niño irá descubriendo situaciones futbolísticas por sí mismo, con la interacción con sus amigos y compañeros, y en relación con el entorno. Infinidad de circunstancias condicionaran el juego, el espacio del que se disponen, las características del mismo, pudiendo presenciar encuentros en todo tipo de lugares y superficies, rugosas, uniformes o incluso  en ligera cuesta, con alguna pared que puede ser de auto ayuda, el tiempo para jugar o para tomar una decisión antes de que su compañero le arrebate la pelota, el numero de jugadores que hayan conseguido reclutar para el partido, lo que producirá situaciones de 1x1, 2x2, 6x6… incluso situaciones de superioridad e inferioridad, con las normas que aquellos mismos dictaminan.

 

Los buenos entrenadores utilizan los criterios básicos de fútbol en la calle por su importancia en el desarrollo de los jovenes futbolístas; se dan cuenta de que estos elementos producen un proceso natural que promueven la formación más eficaz para los niños.

Rínus Michel

LA ETAPA FORMATIVA…

La etapa de formación es un periodo clave en el desarrollo del niño, tradicionalmente se jugaba al fútbol en la calle, produciéndose una serie de situaciones que favorecían el desarrollo de este niño a nivel futbolístico, sin embargo en la actualidad esta tradición ha desaparecido.

El juego de la calle le presenta al joven futbolista situaciones jugadas que él debía resolver en función del contexto que encontraba, lo que producía aprendizajes significativos a través de la exploración del niño con su entorno, dándole a éste libertad y autonomía para tomar sus propias decisiones en el juego y favoreciendo de este modo la creatividad.

En cambio, en las escuelas deportivas de la actualidad, se tiene la tendencia de optar por una metodología basada en la repetición y en la muestra de la solución o soluciones, mecanizando de esta forma el proceso de aprendizaje y cohibiendo el pensamiento creativo que los niños que poseen en edades tempranas. Esta temprana especialización y propuesta para el entendimiento del juego va en contra del desarrollo creativo del jugador en edades sensibles, donde se debería potenciar más aspectos creativos y técnicos que la compresión de la táctica. En el club optamos por mecanizar las acciones psicomotríces pero dejando intervenir al jugador en la toma de decisión en los aspectos más esenciales de este deporte.

CONDUCTAS DEL JUGADOR…

Si observamos al jugador podemos aprender mucho de ellos, pues es aquí donde aflora su espontaneidad en el juego. No hace falta pedirles que se “junten” para defender, pues suelen ir todos detrás de la pelota, tampoco necesario exigirles que “fijen” con su conducción a los adversarios, pues su habilidad técnica favorita es atraer rivales con balón. Sin embargo, a medida que pasan por nuestras manos, los formadores cohibimos y coartamos sus conductas, les exigimos unos requisitos defensivos, una preocupación por el resultado, que hace que sectoricemos su aprendizaje del juego. Más adelante se les transmitirá que todos ataquen y defiendan unidos, que sean un bloque compacto, como si estos chicos en sus inicios hubiesen dejado de serlo en algún momento, sino no llega a ser por los mensajes contradictorios de nosotros, sus entrenadores.

¿Queremos que sean ellos mismos o deseamos ser nosotros ellos?

Se podría concretar el error formativo, en la falta de inquietudes, para la búsqueda de una formación exploratoria, donde el niño sea el protagonista de la metodología de trabajo, y los mecanismos de percepción estén por encima de otros por carácter cerrado o repetitivo de acciones aisladas al juego. Esta metodología puede estar basada en un descubrimiento guiado, donde el niño vivencia diversas situaciones del juego, y el entrenador le da unas orientaciones o pistas para poder llegar a un conocimiento y resultado conjunto.

Nosotros hemos dado con la solución al problema y es pasar por formar climas de entrenamiento, donde se potencie la creatividad del niño en las diferentes tareas, que se den las suficientes vivencias para que el joven futbolista experimente con el juego, y que se adecue a la resolución de diferentes problemas en situaciones cambiantes, que propiciemos situaciones en las que emerja el talento y que la solución no esté predeterminada de antemano, sino que en función del chico en cuestión, de sus condiciones y de sus vivencias, opte por una u otra respuesta influenciando por su particular contexto personal.

 

Buscar situaciones en las que se desarrolle en una realidad parecida o semejante al juego, sin castigar el error, pues es a través de éste cuando el niño interactúa con e entorno , obtiene feedback positivo o negativo y cambia su patrón de actuación para futuras acciones.