La necesidad del trabajo conjunto entrenadores/padres

C. está compitiendo en un partido de liga. El equipo no se juega nada. El entrenador grita : “C., sube por la banda! ¡Ahí, eso es! ¡Vamos, hombre, que estás parado!. Desde la grada se escuchan los gritos de su padre :”i C., la diagonal, sube por la diagonal! ¡Tírate, tírate! ¡Falta! árbitro, ponte las gafas!”. C. tan sólo tiene 6 años.

Son numerosos y conocidos los casos en los que las gradas se ven colmadas de insultos o vejaciones a árbitros, entrenadores e incluso a los propios rivales y compañeros de equipo. Con frecuencia este tipo de conductas son observadas por muchos niños y niñas. Sin embargo, estos comportamientos, junto con otros que ejercen gran presión, no sólo se hacen presentes en las gradas de estadios de deportes profesionales, sino también en los terrenos de juego de los deportistas más jóvenes por sus propios padres/madres, ejerciendo gran influencia en el desarrollo integral de los/las deportistas en todo el proceso deportivo.

 

Conductas inapropiadas de padres/madres

Existen casos conocidos de deportistas profesionales en los que se ve reflejada la influencia de los padres/madres, como es el caso de un tenista, a quien la separación de sus padres le influyó en su rendimiento o de una tenista ganadora de dos Grand Slam, cuyo padre aleccionaba en la destrucción de sus rivales y el cual fue expulsado de Roland Garros y de las concentraciones del equipo francés durante un lustro, tras pegar a su hija, insultarla y amenazarla en diferentes ocasiones.

Lamentablemente, estos casos no son hechos puntuales, sino que se ven en numerosos clubes o escuelas deportivas con los jóvenes deportistas. Así, hoy en día, en la práctica profesional se está detectando un problema en las repercusiones de determinadas prácticas educativas en los padres/madres sobre el desarrollo deportivo y personal de los hijos/as que, hasta la fecha, ha sido poco investigado. Los pocos estudios que existen respecto a este tema constatan que las interacciones parento-filiales que se producen en el ámbito deportivo no siempre son las más adecuadas para el fomento de un óptimo desarrollo deportivo.

En este sentido, son frecuentes conductas parentales como ejercer un apoyo inadecuado, plantear exigencias demasiado elevadas, no darle el valor adecuado al entrenador pensar que los goles o puntos conseguidos por su hijo/a son lo único importante para demostrar la valía como jugador, o hacer responsables de los errores de su hijo/a al entrenador/a, compañeros/as o a la actuación del árbitro
Todos estos comportamientos son una barrera y un impedimento para el desarrollo integral de los/las deportistas más jóvenes, influyendo tanto en las propias destrezas y habilidades deportivas, como en las sociales y personales.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Entre las medidas más frecuentes que se han adoptado para intentar solventar estas dificultades se encuentran, por ejemplo, el cambio de reglamento para legislar sobre los padres (en el caso de algunos deportes como el tenis), la decisión de jueces otorgando a un deportista la emancipación para evitarle la mala influencia de sus progenitores, la actuación de los clubes que prohíben el acceso de los padres a los entrenamientos, etc. Todas estas medidas no resultan eficaces e intentan alejar a los padres/madres de los deportistas, no contando con ellos/as, principales figuras de apego y referentes como modelos para el deporte, para el fomento del desarrollo integral de los propios deportistas. Estas medidas no coinciden con las aportaciones de diversos modelos teóricos para los que el papel de los padres y madres resulta fundamental para el desarrollo integral de los jóvenes deportistas.

En definitiva, es obvio que la labor de los adultos en el deporte de iniciación es básica para un correcto crecimiento deportivo y personal de los/las jóvenes que se adentran en el complicado mundo de la actividad física y el deporte. Es decir, los padres/madres juegan un papel muy importante en la formación de características personales del niño/a deportista.

 

¿Quiero que mi mi hijo sea futbolista profesional !

Una de las mayores pasiones del padre A. ha sido siempre el fútbol. En su juventud practicaba el fútbol, pero no pudo llegar a ser futbolista profesional. Nada más nacer, el padre A. le regaló un balón de fútbol y la camiseta de su equipo favorito con su nombre y el número 1. A. aún no se tenía en pié cuando su padre jugaba con él a dar patadas a un balón y meter goles. En cuanto pudo, inscribió a su hijo en la escuela de fútbol del colegio. La mayor ilusión del padre A. es que llegue a ser el gran futbolista que él no pudo llegar a ser.

Padres y madres desarrollan expectativas, es decir, creencias sobre lo que van a conseguir a corto, medio y largo plazo. Estas expectativas se traducen en objetivos que pueden ser más o menos alcanzables en función de su naturaleza y de las características del/de la deportista en cada momento. Sus repercusiones, van mucho más allá de la práctica deportiva concreta y abarcan aspectos del desarrollo tales como la forma en que se definen y valoran a sí mismos, los lazos afectivos que se establecen con otras personas, y en la determinación de las propias metas y expectativas personales.
Así, unas expectativas demasiado elevadas por parte de los padres pueden implicar un bajo autoconcepto y autoestima de sus hijos/as, dificultades en el establecimiento de lazos afectivos y una presión añadida para satisfacer los deseos de los padres/madres.

Cuando los padres y madres se plantean expectativas sobre hijos/as que son muy lejanas a las capacidades del niño/a pueden provocar desmotivación, frustración e incluso el abandono de la práctica deportiva. Igualmente, unas expectativas que se enmarquen dentro de lo que el niño ya es capaz de hacer por sí solo puede desmotivar y que el desarrollo deportivo no se vea favorecido.

Por tanto, lo ideal para fomentar el desarrollo deportivo óptimo de los niños/as será plantear retos y metas motivantes y a la vez alcanzables.