Lo importante no es correr, ni cuánto correr, ni tan siquiera saber cuánto tiempo se tarda en correr;  lo que realmente interesa es cuándo y hacia dónde correr, y si ese correr se convierte en un medio para el juego y no en un fin en sí mismo. Nunca interesaría el desarrollo de la motricidad de una forma lineal, descontextualizada y alejada de la realidad ambiental de este deporte.

Este tipo de correr cualitativo, debe ser interpretado por el jugador con tareas simuladoras del juego, el las que el propio jugar demande las acciones del correr, el momento del correr y el lugar hacia donde correr.

¿No tenemos a veces la sensación en determinados partidos que por mucho que corramos siempre llegamos tarde a una acción?, ¿Cuál sería entonces la solución para ajustar este déficit?, ¿Correr aún más o correr eficientemente hacia situaciones que generen ventajas en el desplazamiento?, ¿Podrían influir en ese correr situaciones de anticipación táctica a la acción que va a suceder?, ¿Cómo deben entrenarse ese tipo de situaciones en las que se relaciona motricidad e intencionalidad táctica?

Quizás las soluciones óptimas a estos planteamientos pueden estar más vinculadas a aspectos de carácter cualitativo, en los que no incide sólo y unilateralmente el apartado condicional, sino que este se encuentra interrelacionado con el resto de componentes del entrenamiento que determinan el rendimiento futbolístico. Respuestas como por ejemplo, estar mejor situado tácticamente, tener un eficiente proceso de decisión – percepción, acertar en el hacia dónde desplazarse y en que momento oportuno realizarlo, las cuales están más relacionados con aspectos cognitivos, también son útiles para ayudar a resolver estas situaciones que se plantean.

Históricamente se ha sido preso de una sobrevaloración de la cantidad por encima de la calidad, y este hecho ha afectado en gran medida al apartado futbolístico. Por supuesto, la cantidad en la repetición de alguna acción con la adecuada variabilidad para que el proceso sea abierto es muy interesante, pero no lo es menos la calidad de este suceso, relacionada con los condicionantes de rendimiento de este deporte. Cualquier acción de entrenamiento sin intención específica al juego carece de sentido para su interpretación.

¿Puede realizarse una pretemporada sin realizar ninguna tarea condicional inespecífica al juego?

Al observar a diferentes entrenadores durante el periodo de pretemporada, se pueden ver entrenamientos con todo tipo de contenidos físicos, como por ejemplo carreras por montañas, playas o campos de golf, que tienen lugar durante las primeras semanas de pre-competición con un único objetivo físico, “cargar pilas” para todo el año o cimentar una base aeróbica para aguantar las cargas. Estas circunstancias están basadas en teorías científicas, de las cuales no se debe dudar, rebatir, ni recelar, ya que son aceptadas por el mundo en el que nos desenvolvemos sin ningún tipo de juicio. Pero como observador crítico de esta realidad me surgen una serie de dudas, mediante el análisis de algunas situaciones especiales que se pueden dar dentro de un grupo futbolístico, como pueden ser las siguientes cuestiones:

¿Por qué un jugador que sufre una lesión y realiza un periodo de pretemporada incompleto puede llegar a alcanzar el nivel de sus compañeros?
¿Por qué un jugador que sufre una lesión y realiza un periodo de pretemporada incompleto puede llegar a alcanzar el nivel de sus compañeros?
¿Un fichaje de última hora que ha realizado otro tipo de trabajo con su equipo?

Las resolveremos en el siguiente capitulo….