P. está compitiendo en un partido de liga. El equipo no se juega nada. El entrenador grita: “¡P., sube por la banda! ¡Ahí, eso es! ¡Vamos, hombre, que estás parado!”. Desde la grada se escuchan gritos de su padre: “¡P., la diagonal, sube por la diagonal! ¡Tírate, tírate! ¡Falta! ¡Árbitro, ponte las gafas!”. P. Tan solo tiene 9 años…

Son numerosos y conocidos los casos en los que las gradas se ven colmadas de insultos o vejaciones a árbitros, entrenadores e incluso a los propios rivales y compañeros de equipo. Con frecuencia este tipo de conductas son observadas por muchos niños y niñas. Sin embargo, estos comportamientos, junto con otros que ejercen gran presión, no sólo se hacen presentes en las gradas de estadios de deportes profesionales, sino también en los terrenos de juego de los deportistas más jóvenes por sus propios padres/madres, ejerciendo gran influencia en el desarrollo integral de los/las deportistas en todo el proceso deportivo.

Existen casos conocidos de deportistas profesionales en los que se reflejaba la influencia de los padres/madres, como es el caso de un tenista, a quien la separación de sus padres le influyó en su rendimiento o de una tenista ganadora de dos Grand Slam, cuyo padre aleccionaba en la destrucción de sus rivales y el cual fue expulsado de Roland Garros y de las concentraciones del equipo francés durante un lustro, tras pegar a su hija, insultarla y amenazarla en diferentes ocasiones.

Lamentablemente, estos caso no son hechos puntuales, sino que se ven numerosos clubes o escuelas deportivas con los jóvenes deportistas. Así, hoy en día, en la práctica profesional se está detectando un problema en las repercusiones de determinadas prácticas educativas parentales sobre el desarrollo deportivo y personal de los hijos/as que, hasta la fecha, ha sido poco investigado.

Los pocos estudios que existen respecto a este tema constatan que las interacciones que se producen entre padres-hijos no siempre son las más adecuadas para el fomento de un buen desarrollo deportivo.

Con frecuencia se ven situaciones como ejercer un apoyo inadecuado, plantear exigencias demasiado elevadas, no darle el valor adecuado al entrenador, pensar que los goles por su hijo/a son lo único importante para demostrar la valía como jugador, o hacer responsables de los errores de su hijo/a al entrenador/a, compañeros/as o a la actuación del árbitro.

Todos estos comportamientos son una barrera y un impedimento para el desarrollo integral de los/las deportistas más jóvenes, influyendo tanto en las propias destrezas y habilidades deportivas, como en las sociales y personales.

Entre las medidas más frecuentes que se han adoptado para intentar solventar estas dificultades se encuentra, la actuación de los clubes que prohíben el acceso de los padres a los entrenamientos,… Nosotros en base a esta última reflexión creemos que los padres son los principales educadores por lo que necesitamos que estén involucrados en los entrenamientos y demás eventos para poder considerar sus actuaciones en base a la enseñanza transmitida por el/ la entrenador/a.

Una medida como la de dejar exento de los eventos a los padres, quienes son las principales figuras de apego y referentes como modelo para el deporte generaría un incremento en el problema.

Expectativas y objetivos:

Una de las mayores pasiones del padre P. ha sido siempre el fútbol. En su juventud practicaba el fútbol, pero no puedo llegar a ser futbolista profesional. Nada más nacer, el padre de P. le regalo un balón de fútbol y la camiseta de su equipo favorito con su nombre y el número 1. P. aún no se tenía en pie cunado su padre jugaba con él a dar patadas al balón y meter goles. En cuanto pudo, inscribió a su hijo en la escuela de fútbol del colegio. La mayor ilusión del padre de P. es que llegue a ser el gran futbolista que él no pudo llegar a ser.ños…

Padres y madres desarrollan expectativas, es decir, creencias sobre lo que van a conseguir a corto, medio y largo plazo. Estas expectativas se traducen en objetivos que pueden ser más o menos alcanzables en función de su naturaleza y de las características del/de la deportista en cada momento. Sus repercusiones van mucho más allá de la práctica deportiva concreta y abarcan aspectos del desarrollo tales como la forma en que se definen y valoran a sí mismos (autoconcepto y autoestima), los lazos efectivos que se establecen con otras personas, y en la determinación de las propias metas y expectativas personales. Así, unas expectativas demasiado elevadas por parte de los padres pueden implicar un bajo autoconcepto y autoestima de sus hijos/as, dificultades en el establecimiento de lazos efectivos y una presión añadida para satisfacer los deseos de los padres/madres.

Cuando los padres y madres se plantean expectativas sobre sus hijos/as que son muy lejanas a las capacidades del niño/a pueden provocar desmotivación, frustración o incluso el abandono de la práctica deportiva. Igualmente, unas epectativas que se enmarquen dentro de lo que el niño/a ya es capaz de hacer por sí solo pueden desmotivar y que el desarrollo deportivo no se vea favorecido. Por tanto, lo ideal para fomentar el desarrollo óptimo de los niños/as será plantear retos y metas motivantes y a la vez alcanzables.